Hola soy Kala

Soy Kala ¡desde mi nuevo hogar!

Coincidiendo con el primer aniversario formando parte de una nueva familia, os comparto la historia de cómo cambió mi vida con el fallecimiento de mi tutora, mi entrega al Refugio de Mougá y la experiencia de comenzar una nueva vida.

Mi nombre es Kala, aunque también cariñosamente me llaman Gordochi. 

Viví gran parte de mi vida con una mujer encantadora. Éramos inseparables, siempre juntas. Conectábamos sin necesidad de palabras e, incluso, sin demasiados arrumacos.

Me encantaba estar muy cerca de ella, sobre todo cuando se sentaba para leer.

¡Teníamos una vida perfecta! Las dos, ya con una cierta edad, éramos felices compartiendo todo a nuestra manera y con nuestras rarezas. Nos respetábamos, hacíamos compañía y cuidábamos mutuamente.

El calendario me recuerda que hizo ya un año que Julia no está. Falleció en casa en una noche a finales del mes de julio. Por suerte, yo todavía estaba allí con ella, acompañándola, como siempre, y pudimos despedirnos.

Mi duelo por su fallecimiento fue tremendamente duro porque supuso quedarme sola y abandonar la casa en la que había vivido con ella, nuestra casa. Salí directamente del que había sido mi hogar hacia el Refugio de Mougá. Allí me cuidaron, hasta que llegó la oportunidad de formar parte de una nueva familia.

La verdad es que fue mucho más rápido de lo que pensaba. Una gata senior, gruñona, gordocha y con una enfermedad crónica no es precisamente lo más buscado por quien desea ampliar su familia.

Pasadas casi dos semanas de mi llegada al Refugio ocurrió algo totalmente inesperado para mí. Llegaron de visita dos amigas, las dos amantes de los animales y una de ellas sintió un flechazo cuando me vio. Llevaba tiempo buscando la gatita ideal para hacer compañía al gato de casa y, como él tiene ya su edad, la mía encajaba perfectamente. No le importó que estuviera malita, solo lograr que hubiera una buena conexión con todos los miembros de la familia.

Y allá me fui, más bien, me vine…

He de decir que no fue fácil, a pesar de que tuve y sigo teniendo todo el apoyo del mundo para integrarme en ésta mi nueva familia, mi nuevo hogar. 

Estaba enfadada con el mundo, me negaba a aceptar mi nueva realidad. Solo pensaba en recuperar mi vida con Julia, nuestras maravillosas rutinas. Quizás por eso me pasé semanas sin querer salir del transportín en que llegué, por si me llevaba de vuelta al pasado.

Además ¿imaginas lo que es pasar de ser la única a formar parte de un grupo en el que ya eran cuatro, tres de ellos perros? Nunca antes había visto un perro y ¡de repente, tres!

Me tomé mi tiempo, me hice de rogar y saqué a relucir mi genio al menos un par de veces. 

Desde hace muy poco ya dejo ver que disfruto con las sesiones de cepillo e incluso, alguna vez, me permito regalar algún que otro mimo. Creo que me tienen muy consentida, siempre respetando mi ritmo, sin prisas. 

La verdad es que me siento bien y que formo parte del equipo.

Pues aquí estoy un año después todavía tratando de dejar de ser gordochiña. Sigo a dieta prácticamente desde que llegué, para rebajar el tremendo sobrepeso con el que vine y ¡lo estoy consiguiendo! 

Ahora ya me muevo mucho mejor y pronto seré medio atleta, siempre que supere la tentación de tomar de postre la comida de mi colega, que sí adelgazó un montón desde mi llegada ¡y sin dieta! Por esos sospechosos cambios de peso apareció en escena una báscula a la que nos suben todos los martes sin excepción.

Cada poco me toca revisión para hacer seguimiento de mi evolución y, por suerte, todo apunta a que sigo estable, que no hay empeoramiento. 

Hace poco incluso volví al Refugio de visita y solo un ratito para que Olalla, una de las vetes, me hiciera un chequeo y revisara la dosis de mi medicación. Me alegró el recibimiento y la oportunidad de saludar a todo el equipo que me cuidó. 

La verdad es que no pude evitar sentir un fuerte deseo para que todos los compañeros que están allí tengan muy pronto también la oportunidad de encontrar un hogar y conocer la felicidad.

¡Acércate a conocerlos! Es posible que sintáis un flechazo que haga vuestra vida mucho mejor.

Como estoy celebrando el primer aniversario en mi nuevo hogar comparto algunos de los momentos vividos. La primera imagen es de cuando estaba en el Refugio de Mougá, tampoco faltan mi querido transportín ni el momento báscula.